Educación
El fin del mundo
En nuestro matrimonio llegamos a compartir muchas penas y muchas alegrías, como también muchas desilusiones, pero, como todos dicen, por algo fueron echas las cosas y por algo suceden.
Esta es mi historia y la quiero compartir con ustedes y enseñarles que si existe el fin del mundo y es aquí… un hermoso lugar.
Nuestra vida es muy distinta a como era hace unos años atrás, ese año en que nos dimos cuenta que no todo era dinero, fue el año en que nos dimos la oportunidad de reencontrarnos como persona, como pareja y principalmente como la familia que éramos.
Pasaba el año 2005, cuando por necesidades tuvimos que instalarnos con un negocio, si era un cyber café, nuestro comienzo fue por medio de mucho esfuerzo, tuvimos muchos altos y bajos, pero a medida que transcurría el tiempo, nos fuimos afirmando mas y mas en el, hasta tener la esperada clientela.
Nuestras vidas transcurrían en medio del trabajo y la casa, sin darnos cuenta, que, esto puede llegar a hundir a una familia completamente sin quererlo.
Mi marido, un trabajador esforzado, lleno de vida, quizás sin la fortaleza necesaria en ese momento para decidir que el trabajo de ambos nos estaba llevando a un rotundo fracaso como pareja y por menos decirlo, como familia.
Nuestros hijos, hermosos, en plena edad escolar, no se daban cuenta que nuestra familia iba de mal en peor, ellos, tan puros de pensamientos solo veían a sus padres sacrificarse, llegando siempre tarde a casa y llevando el alimento necesario para cada día.
Transcurrido el segundo año en que el negocio ya daba buenos frutos comenzamos a tener los esperados problemas hasta el punto en que casi no nos veíamos, ya ni siquiera nos hablábamos, habíamos dejado de ser amigos y a nuestras vidas había llegado un nuevo integrante, alguien a quien muchas personas le temen: la rutina, si ella, que muy sigilosamente y paciente había comenzado a matarnos, muy lentamente hasta el grado de no poder sobrevivir. ¿Que fue lo que comenzó a desunirnos?, no lo sé, a veces me pregunto y creo que el no hablar a tiempo y el no darse la importancia necesaria te consume tan lentamente que ya nunca mas puedes safarte de ella y así paso el tiempo, hasta, que por desesperación tomamos la desición de emigrar a otra parte para así poder comenzar de nuevo, con otra vida, como dicen por ahí, todo esfuerzo si vale la pena, solo hay que tener la oportunidad y las ganas, para poder enfrentarlo todo a pesar de la distancia.
Así fue que llegamos al fin del mundo, como le digo yo, mi marido llegó primero y al poco tiempo llegamos nosotros. Aquí es todo muy distinto, la vida transcurre muy lentamente, el día para nosotros era eterno, ya que estábamos acostumbrados a llevar una vida de locos y el cambio fue muy distinto.
Su gente tan simple nos enseño que no todo es locura, que no todo es apúrate que llegaras tarde a tu trabajo, apúrate que te dejara la locomoción o que puedes perder las cosas por dejarlas a fuera de tu casa. La lluvia y el viento también nos enseñaron a comprender que existe Dios, que él, con su gran sabiduría nos enseñó que cuando una familia se ama todo sacrificio vale la pena y esto te llena cada día, te da fuerzas para pasar otro día y otro hasta llegada la noche.
Ahora que hemos pasado un año en esta isla al sur de nuestro país, le doy las gracias a mi marido por habernos sacado de la locura de las grandes ciudades, las gracias, por habernos venido a vivir aquí, a un lugar tan alejado de todo, doy las gracias a aquellas personas que me dieron el valor para decidirme y tomar a mi familia y viajar hasta aquí.
Ahora sé que amo con más fuerza a mi marido y a mi familia y sé que nunca defraudaré a Dios por haber tomado esta decisión.
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