Cuento
El abandono de Rocío
María fue a la maternidad un Sábado de Marzo, llevando un tierno oso celeste de peluche, como regalo para el nietito de su amiga Luisa que nació esa tarde.
María no tuvo hijos, los deseó, pero no llegaron.
Su vida junto a su marido había sido próspera y amena.
Cuánto extraña su presencia en la mesa, los bailes compartidos, las salidas al campo, los rezos y tantas cosas...
Esa tarde, en el sanatorio, María oyó una conversación que conmovió su alma. Una mujer que había dado a luz mellizos, un varón y una nena, discutía con su esposo y su médico.
Ella pensó que había un error, ella no podía haber tenido una hija down. Ellos no.
Esa misma tarde el matrimonio abandonó el sanatorio dejando a la nena “enferma”.
María tomó con cuidado a esta niña y la acurrucó junto a su pecho, bien cerca de su corazón. ¡La niña era tan linda!
Rápidamente pasó una idea por su mente: ella asumiría el rol de madre, una madre de setenta años que le daría todo lo que a esta criatura le hiciera falta.
Ante su persistencia e intachables referencias, las autoridades le entregaron a la pequeña. Se llamaría Rocío, nombre elegido por María hacía años, para cuando llegara la nena... la hija que no tuvo.
Desde entonces, los ojos de María lloran todas las noches pensando que su vida tiene un tiempo,¿Cuántos años más?
Rocío tiene hoy siete años de edad, va a preescolar, es amada y mimada por todos, bueno, todos menos sus padres.
Rocío dice que cuando sea grande tendrá esposo e hijos, y María asiente con una sonrisa “preocupada” .Si esta niña le hubiera llegado antes...
Tal vez algún día los verdaderos padres se arrepientan por lo que hicieron. Si ellos la vieran hoy, cómo corre, peina a sus muñecas, ama y abraza.
Suceden milagros, creo en ellos.
A veces algunos abogados, como su padre, se arrepienten, y algunas maestras de jardín, como la madre, también lo hacen.
Conozco a Rocío y a María. Esto pasó en la ciudad donde vivo.
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