Poesía
María
María
Sorpresas que da la vida,
dice contenta María,
porque se le abrió una puerta
que ella jamás soñó que existía
Se ha instalado en el pueblo
un maestro de frontera,
que anda buscando alumnos
en quienes volcar su sapiencia.
María pidió permiso
a su patrona Enriqueta,
para asistir a las clases
del maestro de frontera.
María llegó el primer día
llevando una carpeta negra,
repleta de hojas rayadas,
que esperan ser llenas de letras.
María estudia en las noches
consonantes y vocales,
y así va formando palabras
cortas, largas y medianas.
Ya la miran con respeto
los vecinos, en el pueblo,
todos notan que María
ha dado un gran vuelco.
Ahora, da gusto oírla,
parece otra mujer,
su andar seguro y firme
es todo un ejemplo de fe.
María Victoria Eraso
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