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Kirchner desconoce la división de poderes
Lo único bueno de todas las cosas malas que están pasando en la Argentina ”K” es la reacción que ha empezado a despertar en la gente al autoritarismo gubernamental.
El presidente Kirchner, segundo en las elecciones presidenciales de 2003 con sólo el 22% de votos detrás de Carlos Menem, trepó a un apoyo del 70% en pocos meses. Esta realidad, inexplicable en sociedades maduras, responde a la personalidad adolescente y berretinera de una población que, en el fondo, adora delegar sus propias obligaciones en el gestor de turno porque es la forma implícita de trasladarle también las responsabilidades.
Si las cosas salen razonablemente correctas, fue una elección correcta. Si fracasan, la culpa es ajena; le confiamos la conducción y falló. ¡Otro que nos estafa y decepciona! Esa postura alcanza para adoptar el papel de victimas: “Nos defraudó. Pobres de nosotros”.
Ahora, cuando casi todo se está haciendo mal, la sociedad empieza a ver que si no sale por las suyas a enderezar el rumbo, se encamina al precipicio, prácticamente sin escalas, aunque en una perversa cámara lenta. Aquello de “Al mal paso, darle prisa” no es aplicable en el proceso kirchnerista.
Organizaciones intermedias, ONGs, colegios profesionales y público en general están manifestándose saturados del desmanejo de la cosa pública. En estos días, hubo una numerosa concentración de ciudadanos que, con la Constitución Nacional en la mano, rodearon la Casa de Gobierno solicitando a las autoridades que se termine la rítmica violación la ley que ya es una costumbre gubernamental.
Hemos reestatizado empresas; fijado precios arbitrarios desde la mesa de un ministerio llena de funcionarios públicos; incumplido contratos dentro y fuera de nuestras fronteras; hemos resentido las relaciones diplomáticas con casi todos los países del planeta y también la convivencia interna; la sociedad fue empujada a enfrentarse y enredarse en la defensa de viejas deudas, intereses capciosos y planteos falaces. Se devastaron las instituciones en nombre de los derechos humanos y se tergiversó la historia.
Congelamiento de las tarifas de servicios públicos por más de tres años; aumentos de sueldos por decreto; creación de nuevos tributos y prohibición de exportar carne, el producto emblema de la economía argentina, son algunas de las medidas adoptadas por la administración actual.
No conforme el gobierno con lo hecho, fue sobre los ahorros de la gente; ahora avanza sobre otros derechos. Cercena la libertad de prensa con métodos más o menos sutiles. Y, tras los cerrojos al periodismo viene la negación de la libertad de información. La sociedad es manipulada.
La semana pasada el Congreso aprobó una norma anticonstitucional que faculta al jefe de gabinete a disponer de una generosa porción del presupuesto nacional evadiendo el control legislativo. Esa irregularidad fue airadamente defendida por la señora Kirchner desde su banca en el Senado y resistida por toda la oposición que, sin embargo, no alcanzó a impedir su sanción.
Cuatro días después, el presidente de la nación en persona pidió a los jueces que apuraran ciertas causas y reclamó más detenidos, haciendo gala de una intromisión inconcebible en temas de exclusiva competencia judicial.
El avance del Poder Ejecutivo sobre los restantes está alcanzando niveles preocupantes. Pero todo indica que la población está saliendo de la indiferencia. Eso y el frágil hilván que sostiene en calma los indicadores económicos, nadie sabe por cuánto tiempo, dan crédito al rumor sobre la intención oficial de adelantar las elecciones previstas para octubre del año entrante.
Domados los empresarios, el sindicalismo, los legisladores y los jueces, nada suena demasiado improbable en la Argentina de Néstor Kirchner. ----------------------------------------------
(C) HACER Hispanic American Center for Economic Research
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